
La gente de mi alrededor considera los últimos resultados como una buena señal, como un signo de que he dejado atrás unos meses complicados por lesiones, enfermedades e inseguridades, pero para mí, solo ha sido una parte de lo que esperaba, y a nivel personal necesitaba ganarme esa plaza en el nacional. Un aliciente, un estímulo para seguir luchando en un deporte muy sacrificado, y del cuál había llegado a olvidar las satisfacciones que me producía cuando triunfaba. De hecho, pese a una mejora sustancial, no he logrado saborar este invierno el “subidón” de adrenalina que te produce un buen resultado…y por el contrario, he derramado mares de lágrimas, para casi nadie comprensibles, pero para mi irreprimibles.
Que nadie se confunda, porque esas lágrimas, esas que aquellos no entendian, pese al sentimiento que traían consigo, no me desilusionan…si no todo lo contrario, me recuerdan que ha vuelto aquella atleta inconformista, luchadora y que no tenía miedo, aquella que durante unos meses solo he podido ver en grabaciones y fotos antiguas.